Pienso en mi trabajo en términos de lenguaje. Diríamos que establezco una analogía entre el Haiku y el argot con el lenguaje de mi trabajo y mi trabajo como lenguaje. Especialmente me interesa la potencia poética de la jerga, en tanto que algo ha de ser nombrado para que un sujeto tome lugar en relación al mundo. Es esa invención de un lenguaje propio y singular lo que hace que se instaure a posteriori un espacio de reconocimiento para un grupo. La cultura vendría después. El paralelismo con mi trabajo se daría, igual que en el argot, por la sedimentación de signos. Habría dos maneras de entender esta construcción, por un lado, desde un posicionamiento más analítico, como en el ejemplo del verlán (argot hablado en Francia) en el que se invierte el orden de las sílabas para crear palabras nuevas. Y por otro, desde la acumulación; quiero decir: se van repitiendo signos concretos que se van asentando como elementos importantes en mi práctica. Estas serían las maneras de acercarme al extrañamiento de mi propio lenguaje. Tanto en mi trabajo en escultura como en dibujo la construcción de una imagen se da desde una operación material (lenguaje). Aunque hay una consideración de la vida, observación del entorno cotidiano y del paisaje, centro mi problemática en un proceso de diálogo con la propia complejidad de los elementos que se van generando durante el proceso. No puedo negar que en mi trabajo hay algo de tótem, de máscara y de maquillaje.

Claudia Rebeca Lorenzo es Licenciada en Bellas Artes por la UPV/EHU, con especialidad en escultura y audiovisuales. Completa su formación con el Máster en PEI (Programa de Estudios Independientes) del MACBA, Barcelona, y el Máster INCREARTE de investigación y creación de la UPV/EHU. Sus últimas exposiciones individuales han sido ACHANTA LA MUI en Montehermoso (Vitoria) y SUBOCAABIERTA, dentro del programa Barriek en la Sala Rekalde (Bilbao).