Qué sentido tiene es un proyecto de cine expandido que se materializa en una instalación. Supone una investigación sobre el fracaso y la recuperación de un documental que dimos por perdido.

Volver a Errekaleor, retomar las conversaciones, regresar a las grabaciones. Ahora dentro de la negación. Renunciando a toda la intimidad que quise al principio y manteniéndome al margen, obligándome a mí mismo a rebuscar entre los archivos y a establecer un nuevo vínculo con el barrio desde otra perspectiva: la del documentalista más aséptico que está realizando el duelo de su obra. Me siento en la hierba, enciendo la cámara a una distancia prudencial y me pregunto: ¿cómo he llegado hasta aquí? ¿qué puedo sacar de aquí? ¿cómo puedo capturar las imágenes de un documental que ya no existe?

En lugar de presentar el negro como resolución de lo que no pudo ser, he decidido recuperar los píxeles grabados. Trabajar sobre los pocos restos que quedaron para construir de él un rizoma. Si al principio era un documental pensado para ser proyectado en una pantalla de cine, ahora esa semilla (la secuencia de diez minutos que nos queda) va a brotar en una planta que aún desconozco hacia donde se dirigirá. La única certeza es que ha echado raíces y que el documental va más allá de la pantalla, que se extiende por el suelo, llega a las paredes y termina, de nuevo, convertido en píxel.

Gari Arambarri. Doctorando en Estudios Avanzados de Humanidades (UMA, en curso). Máster en Arte contemporáneo, tecnológico y performativo (EHU/UPV, 2020). Grado en Sociología (UNED, en curso). Grado en Historia del Arte (EHU/UPV, 2019). TFG en Prácticas artísticas queer en Euskal Herria: los principios de Feministaldia (2006-2010).