El estado actual del mundo descansa sobre nuestros hombros. Nos afecta de un modo que limita nuestra fisicalidad y convierte la coreografía cotidiana en algo extraordinario. Vivimos en un estado de colapso inminente que descansa sobre nuestros cuerpos. Se filtra en la forma de sentir y articular el mundo que habitamos. Esto se puede traducir en una experiencia precaria explicada por las epistemologías feministas y anticapitalistas. El sujeto contemporáneo está atravesado por varios elementos, como el cambio hacia la espacialización del tiempo que nos constituye como un sujeto omnipresente y productor, la velocidad que conduce a un estado de simultaneidad, sintiendo al sujeto como un centro desde donde se envía toda la información, un estado de “sobremodernidad” donde hay tres excesos: exceso de información, exceso de imágenes e individualismo y una deriva de la tecnología que nos acerca cada vez más a una forma rizomática de conocimiento, y a nuevas capacidades humanas que están relacionadas con la lógica ciborg. Y estas condiciones modulan nuestros cuerpos y por tanto nuestras emociones y sentimientos.

Este trabajo pretende analizar los procesos somáticos del sujeto actual mediante un acceso estético realizando una instalación escultórica y una serie de vídeos. Un canalizador de fuerza utópicas mediante la constante y profunda reflexión sobre nosotras mismas. Pensar en cómo nos sentimos, en cómo somatizamos el tiempo presente en una proyección de un nuevo futuro potencial. Este trabajo se relaciona con los recientes desarrollos de la teoría contemporánea, sobre todo la teoría feminista y queer. Aborda la producción y reproducción de la subjetividad en condiciones de precariedad. Partiendo de la noción masculina de un sujeto erguido, renegocia la subjetividad encontrando consuelo en lo performativo.