Aunque los avances técnicos y las lógicas del postmercado nos hayan cercenado las manos que dibujan y moldean, hemos conservado los dedos que a golpe de click crean nuevas realidades bien parecidas a las que se habían construido no hace tanto tiempo atrás. En este caso la metáfora arquitectónica del movimiento moderno, en sus paramentos tanto sociales como estéticos, se hace evidente. La Bauhaus es el gran símbolo matizado, como estuvo siempre, por los filtros del positivismo filosófico con ilusiones de progreso y desarrollo comunitario y la idea nihilista que niega sistemáticamente el fin de la historia y exige un nuevo comienzo desde los escombros de una sociedad caduca a partir de la transmutación de valores.

En los sistemas de pensamiento la arquitectura siempre estuvo presente, siempre proporcionó conceptos que acabaron por formar grandes estructuras con inmensa relevancia política. Según Derrida la cuestión arquitectónica era una posibilidad del pensamiento mismo, una necesidad de materialización del pensamiento acerca del problema del lugar, del lugar que ocupamos cada uno; del problema de tener y abogar por un lugar en el espacio físico y político. Así, el proyecto plantea una relectura de la metáfora arquitectónica del movimiento moderno mediante una mirada a una sociedad del futuro, planteando un proceso artístico basado en el diseño digital y la impresión 3D para acabar de construir una serie de piezas que se mueven entre el diseño, la arquitectura, la industria y el arte, y que funcionan como parte de un espacio común, una ilusión arquitectónica, constructiva y espacial evolucionada hacia unos parámetros escultóricos.

Urtzi Ibarguen Guridi (Errenteria, 1978)

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