El souvenir surge como reproducción a escala reducida de un monumento. Según Sarah Benson, su nacimiento se remonta en el siglo XII, en forma de pequeñas planchas de metal grabadas que los peregrinos traían de vuelta tras su viaje. Sin embargo, será en roma, entre los siglos XVI y XVIII, cuando nazca una verdadera industria del recuerdo objetualizado.

Los primeros souvenirs romanos dotaron de visibilidad a diferentes monumentos icónicos, demostrando que el monumento romano debe su fama y autenticidad a las numerosas réplicas que la ciudad exportaba. Por consiguiente, permitiría conocer una ciudad como Roma o Santiago de Compostela sin haberla visitado. Se establece el souvenir como nuevo concepto de peregrinación cuyo fin es un objeto antes que un lugar de destino. De este modo, el destino se acerca al hogar mediante grabados antiguos o fotografías, figuras de cobre o de plástico, camafeos, postales o bolas de nieve.

Debo reconsiderar el souvenir como bisagra que articula dos épocas: la era contemporánea, donde la globalización reduce la escala del mundo a través de la inmediatez informativa, y la era moderna temprana entre los siglos XVI y XVIII, donde el esparcimiento del souvenir aproximaba Roma o Bilbao a toda Europa. Ambas épocas parten de un proceso de conocimiento inverso y la referencia llega antes que la experiencia de visitar una ciudad, pero, ¿qué muestra el objeto de recuerdo de esas ciudades?

Ventura A. Pérez (Vigo, 1992) es Doctor cum laude en Bellas Artes en la Universidade de Vigo donde también se gradúa en Bellas Artes y realiza un Máster en Arte Contemporánea, Investigación e Creación. Ha participado en numerosas exposiciones, festivales y congresos.