Del 30 de noviembre de 2020 al 29 de enero de 2021, la galería Narata Shop (Bilbao) acoge la exposición Mirlo Blanco de la artista Maite Leyún.

Romper el molde.
Moldear los límites.
Las ideas más básicas han sido trastocadas.

La influencia de Asia sobre el globo es una energía de ida y vuelta. Asia absorbe modos de hacer universales, pero su especialización desde la II Guerra Mundial, se ha centrado en la exportación. Exportar material, exportar productos, exportar modos de hacer, el sushi, los móviles Samsung, su fascinación por Hello Kitty, por el manga, por Micky o Doraemon, el gato cósmico. Mientras Asia se convierte en la fábrica del mundo, fabricando y exportando, el mundo importa de Asia, entre otras cosas, su disfrute y fascinación por unos personajes que ocupan parte de nuestro imaginario virtual. Mientras siguen investigando y desarrollando nuevas tecnologías para teléfonos móviles, el mundo ve necesaria la instauración de la mascarilla como uso cotidiano, el no tocarse, el reducir el círculo social, el distanciamiento necesario por salud.

Se trata de un proyecto iniciado en Taiwán en 2019, que experimenta con diferentes técnicas del ámbito de la cerámica. Antes de una pandemia, cuando el uso de las mascarillas en el autobús o el metro, aquí, era una cosa de chinos o japoneses. Este proyecto, avanzaba mi interés por la fascinación y la normalidad con la que estos personajes que en nuestro contexto son infantiles, habían encontrado el modo de atravesar todas las capas de la cotidianidad, introduciéndose en un día a día que mezclaba ilusión y realidad. Una suerte de epílogo de Space Jam, la película en la que Michel Jordan jugaba al basket con Bugs Bunny. Mientras que el manga, los cómics, la tecnología y la moda desarrollada en Asia avanzan por Europa, la “asiatización” ha llegado también a través de una estética de comportamiento social en el espacio público.