PerePortabellaVampir

La relevancia de Pere Portabella para la creación audiovisual del cine español resulta determinante. Figura emblemática, (en Pere Portabella confluyen las facetas de productor y cineasta), su trayectoria profesional configura una de las más sorprendentes y fructíferas filmografías que atraviesa más de medio siglo de nuestra historia presente.

Lejos de extinguirse, su legado cinematográfico adquiere en estos momentos una vigencia inusitada y ejemplar. En su obra se abrazan una actitud intelectual coherente y comprometida con una capacidad creativa empeñada en el rigor y la experimentación. Y de esa encrucijada hecha de crítica y riesgo,  surge una actitud ética que da sentido y se impone como un referente en el tiempo presente.

Durante varias semanas, Bilbao Arte será escenario en el que se proyecten algunas de sus más representativas incursiones cinematográficas para culminar con un seminario en torno a toda su obra.

Proyecciones:

16 enero a las 19.00 horas:  Umbracle (1970)

23 enero a las 19.00 horas:  Cuadecuc, vampir (1972)

30 enero a las 17.00 horas:  Informe general sobre unas cuestiones de interés para una proyección pública (1977)

6   febrero a las 19.00 horas:  Puente de Varsovia (1989)

13 febrero a las 19.30 horas: Die Stille vor Bach, «El silencio antes de Bach» (2007)

Culminado con el ciclo de proyecciones se celebrará un seminario para difundir y analizar el trabajo de Pere Portabella

 

Pere Portabella se acerca al cine desde una vocación artística e ideológica que ha tenido especial resonancia en el circuito museístico. Primero como productor y después como director, la filmografía de Portabella ha transitado de la militancia antifranquista a la reflexión sobre la idea de Europa.

Pere Portabella (Figueras, 1927) concibe el cine como una práctica artística e ideológica ajena a cualquier objetivo comercial. Los circuitos de exhibición tradicionales muchas veces han alejado su obra por motivos políticos o estéticos. Por eso, durante años ha sido más fácil encontrar las películas de este cineasta en los museos que en las salas de cine. En la colección del Museo de Arte Moderno de Nueva York, por ejemplo, se encuentran dos de sus títulos, y el cineasta decidió dar la integridad de su obra, hasta ‘El silenci abans de Bach’ [El silencio antes de Bach] (2007), al fondo del Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA).

Pere Portabella se inició en el cine con el grupo de artistas vanguardistas y rompedores de Dau al Set. El figuerense, sin embargo, en lugar de expresarse a través de las artes plásticas descubrió en el séptimo arte el medio que mejor le permitía canalizar su oposición al régimen franquista. Fundó la productora Films 59, desde la cual impulsó tres de las películas clave de la época: ‘Los golfos’ (1959), de Carlos Saura; ‘El cochecito’ (1960), de Marco Ferreri, y ‘Viridiana’ (1961), de Luis Buñuel, todo un revulsivo contra una dictadura que en aquellos momentos quería vender al exterior la imagen de apertura.

El escándalo que acompañó a la concesión de la Palma de Oro de Cannes a ‘Viridiana’ obligó a Portabella a abandonar la Asociación de Productores. Entonces decidió convertirse en cineasta y autoproducirse, tal como hacían otros directores como Joaquim Jordà, Jacinto Esteva, Carlos Durán o Ricard Bofill. Todos estos cineastas formaron parte de la Escuela de Barcelona, movimiento con el cual Portabella sólo se identifica de forma tangencial. De hecho, cuando decidió sacar adelante los primeros filmes no colaboró con los integrantes de la Escuela, sino que llamó a Joan Brossa de Dau al Set y al músico Carles Santos.

Los dos primeros largos de Portabella, ‘No compteu amb els dits’ [No contéis con los dedos] (1967) y ‘Nocturno 29’ (1968), manifiestan una vocación de romper con las convenciones del lenguaje cinematográfico clásico a partir de la tradición de las vanguardias. La insumisión a las convenciones del relato, la disincronía entre la imagen y el sonido, el uso de motivos y estructuras más musicales que narrativos y la resignificación de las imágenes, entre otras características de su cine, llegan a la máxima expresión en ‘Vampir-Cuadecuc’ [Vampiro-Cuadecuc] (1970) y ‘Umbracle’ [Umbráculo] (1972). La vinculación con el mundo de las artes también se hace patente a través de los cortometrajes que dedica a Joan Miró, a los poetas catalanes del momento o a Carles Santos.

Con la llegada de la Transición, Portabella firma dos largos donde la militancia política se hace más explícita, ‘El sopar’ [La cena] (1974) e ‘Informe general’ (1976). De 1980 a 1988 ejerce como diputado en el Parlamento de Cataluña, tarea que le mantiene alejado de las cámaras. En 1989 vuelve al largometraje con ‘Pont de Varsòvia’ [Puente de Varsovia], donde resuenan las fracturas en las ideologías de izquierdas en la Europa de final del siglo XX. También Europa es la gran protagonista de su último largometraje hasta el momento, ‘El silencio antes de Bach’ (2007), en este caso a través de una tradición cultural que se materializa en la música del compositor alemán.