CICLO LISANDRO ALONSO

El bonaerense Lisandro Alonso en su escasa pero sublime trayectoria (desde 2001 hasta la actualidad ha rodado 5 películas) se ha ganado rápidamente el interés tanto del público como de la crítica. Dos de sus films fueron seleccionados en el Festival Internacional de Cine de Toronto, Los muertos en el 2004, con la que recibió el premio `Czesch TV´ (Independent Camera) y Liverpool en el 2008, con la que ganó el premio Principado de Asturias al mejor largometraje en el Festival de Cine de Gijón. También merece destacarse que con Los muertos y Fantasma estuvo en Cannes..
Considerado por algunos como el más radicla de los jóvenes cineastas que desde finales de los 90 están produciendo una filmografía que observa los efectos públicos e íntimos de un pais en crisis. Y a través de la observación de “no-actores profesionales”, haciendo el papel de sí mismos en situaciones ficticias, es como Lisandro estudia la vida a la intemperie como límite constitutivo de una economía fundada en la acumulación por desposesión y una pospolítica fundada en la suspensión permanente de la ciudadanía.
De todo esto podemos concluir que la relación entre registro documental y puesta en escena es para Alonso (como para otros directores latinos y sudamericanos) uno de los temas centrales de su preocupación y registro cinematográfico. Por eso se muestra harto del relato, desconfiado de que le cuenten o de contar historias y más interesado en que la imagen y el sonido provoquen sensaciones.
Por último cabría añadir que una de la frases que mejor puede recoger la esencia de su trabajo es lo que dice el director sobre El sabor de la cereza de Kiarostami: “esa película me llamó mucho la atención porque el tipo había creado algo importante con muy pocos elementos: un hombre, una camioneta, una montaña y cuatro o cinco personajes más. Y el drama del suicidio, claro. Pero sacándole ese drama, yo descubrí que se podía hacer algo con muy pocos elementos, en escenarios naturales“.

Además de los cuerpos y las miradas, en el cine de Lisandro Alonso hablan los tiempos de la naturaleza: el día y la noche, el norte y el sur, los pueblos y el bosque, la nieve, el frío, el mar congelado y el alcohol, lo templado, el verano, el sudor, el lodo. En el plano habita el humo con los elementos sólidos y líquidos: el fuego, el fango, el viento, junto a los troncos, los animales, la tierra o las máquinas. La naturaleza no es romántica, pintoresca o bucólica; es ella misma la que mira a Misael o Vargas. Como ha escrito Gonzalo de Lucas “se trata de una doble y reversible condición del cine y la naturaleza, entre la cadencia dulce de lo que sobrevive y la crudeza o violencia que sustenta esa supervivencia”. Es decir, de una relación mutua con el hombre, de subsistencia e identidad, como si el suelo se mantuviera vivo gracias a ellos (…) Quizá por ello vemos en el terreno baldío de los primeros planos de La libertad la tierra agrietada y la hierba creciendo entre las grietas. Donde nosotros creemos ver un lugar desconocido, él simplemente revisa el estado de los cultivos donde nacerán nuevos árboles que quizá, puesto que se marchará en “un mes y medio”, nunca verá.

De “Misael y Vargan van en barco” de Francisco Algarín Navarro.

LISANDRO ALONSO

 

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31 DE MARZO

LA LIBERTAD. 19:00 h. 

Año: 2001
Duración: 73min.
Nacionalidad:  Argentina
Director: Lisandro Alonso
Guión: Lisandro Alonso
Fotografía: Cobi Migliora

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Sinopsis:

Misael vive en la inmensidad del monte pampeano trabajando con su hacha. Sobrevive sólo con lo indispensable y casi sin contacto con otras personas. Vemos su vida minuto a minuto intentando descubrir a través de pequeños movimientos o acciones su manera de estar en el mundo.
Ésta es una película de belleza singular y que en ningún momento propone una lectura romantizada o piadosa de la vida de su protagonista al evitar los primeros planos expresivos.
Alonso filma para que el espectador, durante la proyección, cree su propia película, se haga preguntas, articule su propio discurso y experimente parte de lo que le sucede a los protagonistas. Por eso, comenta él mismo al respecto: “Uno vive la mitad de su vida en una rutina que nadie nota. Quise registrar esos momentos mínimos para que al verlos uno pudiera repensar qué está haciendo con su propia vida. La película no intenta reflejar simplemente las experiencias de Misael, sino relacionar su vida con otras experiencias, la de los espectadores y la mía”.

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7 DE ABRIL

LOS MUERTOS 19:00 h. 

Año: 2004
Duración: 78 min.
Nacionalidad:  Argentina
Director: Lisandro Alonso
Guión: Lisandro Alonso
Fotografía: Cobi Migliora

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Sinopsis:

Un hombre de cincuenta y cuatro años sale de una cárcel en la provincia de Corrientes. Lo único que quiere es llegar hasta donde está su hija, que vive en un lugar perdido rodeado de agua y selva. Para llegar hasta donde está su familia deberá atravesar un largo trayecto de agua en una canoa.
Inspirada en la novela La casa de los muertos de Dostoievski (a la vez que bajo la influencia de , Quiroga, Saer y Rulfo).
Esta película, se podría considerar la segunda parte de la trilogía que se cierra con la siguiente, en la que el director da una nueva vuelta de tuerca a su trabajo. Es como si el director quisiera volver atrás por última vez, en un movimiento paradójico que lo impulsa hacia adelante, a territorio desconocido.
En palabras suyas: “Cuando terminé Los muertos me di cuenta de que, cinematográficamente, el ciclo con ellos estaba concluido. Entonces pensé que un modo de agradecerles todo lo que Misael y Argentino le dieron a mi trabajo y a mi vida era filmar otra película con ellos”.

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14 DE ABRIL

FANTASMA. 19:00 h.

Año 2006
Duración: 63 min.
Nacionalidad: Argentina
Director: Lisandro Alonso
Guión: Lisandro Alonso
Fotografía: Lucio Bonelli

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Sinopsis: Argentino Vargas de cincuenta y seis años viaja a Buenos Aires, parado en el Hall central del Teatro San Martin espera que alguien lo encuentre y lo lleve hasta el décimo piso donde será proyectada la película que protagoniza, nunca ha estado en un cine anteriormente. Misael Saavedra también fue invitado a la proyección y está perdido dentro del teatro buscando la sala. El gran edificio, sus baños, escaleras, ascensores y talleres son los verdaderos protagonistas de este misterio a descubrir por dos hombres ajenos al entorno.
Si antes Lisandro había viajado hasta las antípodas, para presenciar la cotidianidad de un hachero pampeano y el viaje de un hombre en medio de la selva formoseña, de lo que se trata ahora es de practicar el movimiento contrario, trayéndolos a la ciudad. A su vez, si en La libertad y Los muertos el borde entre lo real y lo ficticio se diluía hasta fusionarse, ahora esas fronteras se separan al máximo. De lo que se trata es de constatar el abismo que las distancia.