ODI ET AMO

«Odi et amo. Quare id faciam, fortasse requiris.

Nescio, sed fieri sentio et excrucior.»

 

«Odio y amo. Por qué hago esto, quizás te preguntes.

Lo ignoro, pero así me siento y me torturo.»

 

Catulo – Carmen 85

 

«(…) No hay naturaleza ni cultura, sino algo entremedias. No podemos pasar directamente de la naturaleza a la cultura. Algo falla terriblemente en la naturaleza: la naturaleza produce una monstruosidad no natural…» [1]

 

El amor es, sin lugar a dudas, tierra de fantasmas, tan brumosa y de contornos difícilmente discernibles como Elsinore, o Elvedon, y es por esto que podríamos asegurar sin temor a errar que todo amor contiene en su sistema de producción, en sus múltiples formas de relación y significación, en sus extrañas y nunca del todo contiguas temporalidades, una suerte de potencia espectral. Así, la fantasmalidad consustancial a la intensidad extenuante pero embriagadora de la querencia es la cuestión flotante en esta pequeña intermitencia llamada “Odi et Amo”.

Nota aclaratoria: esta exposición de obras (y de ideas) no es una diatriba en contra del amor, ni tan siquiera del amor llamado romántico. Quien quiera mascar ese chicle, que se tome la paciencia de arrancarlo de los adoquines del suelo, porque solo de ahí podrá recogerlos. Esta exposición no pretende ir a favor o en contra del amor. Entenderemos que quien ha sido recientemente engañada, vejado, tirada a la cuneta por quien antes le susurraba palabras bonitas, no solo mire ahora ciega, amargamente, sino que dedique sus horas a escupir por la ventana toda la inmundicia de la que se es capaz. Pero entenderemos por otro lado a quienes se acaben de descubrir mutuamente y, por lo que fuere, llámesele novedad o profundidad, se sientan gracias a esto mismo reafirmados, en paz y concordia, y, les sea imposible separarse ni un instante, arremolinen sus brazos entre sí como si fueran de plastilina y se paseen calle arriba calle abajo, sonriendo como si el mundo empezara y acabara con ellos. No, el mundo ni empieza ni acaba con ellos, tampoco el amor. Pues con estos dos supuestos he referido tan solo el ámbito del amor de pareja. Mari Luz Esteban sintetiza al menos otros dos, el amor maternal y el de los cuidados, igualmente generalizados y naturalizados[2]. Ahí reside uno de los problemas clásicos del amor, en la imposibilidad de establecer casos representativos, entre otras cosas porque si hay algo representativo en el amor es precisamente el afán de hegemonía de ciertas representaciones del amor sobre otras, representaciones que siempre obedecen a discursos históricos concretos, a los que les es inherente una vocación de determinación, regulación y control de las distintas realidades emocionales.

No se me ocurrirá referir el amor como un ideal descontextualizado, descorporalizado, ahistórico, como una suerte de principio universal, o desde los fundamentos del contrato matrimonial, que se extiende sobre la base impositiva de un núcleo económico, como tampoco se me ocurrirá insistirle a quién se acaba de enamorar que todas las lindezas que le ríe ahora a su novio serán algún día pasto de los dimes y diretes propios y ajenos. Es decir, que todos estos supuestos quedan comprendidos, como quien tira una piedra y comprende que esta caerá en alguna parte. Pues no es la noción misma de amor, ni tampoco su diversos discursos, el objeto de la presente exposición.

¿Acaso es necesario? De la infinita riqueza de las historias que compondrían un hipotético tratado definitivo sobre el amor, el tratado total, aquel que no es posible ni en sueños, pues nadie sueña con abarcar las historias de los otros, sino que nos contentamos y bastamos con las nuestras (y no siempre nos permiten dormir), concluyo lo siguiente: tantas cabezas, tantos miembros, tantos órganos, un cuerpo tan diferente, multiforme, pluriforme, metamorfo inconfundible al que todos llaman de la misma manera, del que todos hablan tan a menudo, del que todos saben algo, al que todos esperan, aguardan, anhelan, persiguen, incluso quienes se pronuncian públicamente hartos de, vacunados para, escépticos con, incluso quienes atentan contra, renuncian a, se cagan en, lloran y maldicen y se prometen nunca, nunca más, no, incluso quienes se sienten fuera de, expulsadas de, condenados a… Algo que, en definitiva, sea todo esto y mucho más solo puede tratarse de una inmensa monstruosidad.

 

 

Con la participación de:

Ángela Palacios, Ibai Fernández-Valdés, Estanis Comella, Matthias Fritsch, Inés García, Carlos García Pelaez, Sergio Roger, Sra. Polaroiska, José Manuel Sanz, Elssie Ansareo.



[1] ZIZEK, Slavoj. Arriesgar lo imposible. Conversaciones con Glyn Daly, pag 66. Edit. Trotta, Madrid, 2006

[2] ESTEBAN, M.L. Crítica del Pensamiento Amoroso, pág 61. Edicions Bellaterra, Barcelona, 2011. Agradezco profundamente a Maite La Taller el encuentro con este libro y esta autora.

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